Por qué adoro a Ella Fitzgerald

Es lugar común considerar que Ella, con  Billie Holiday y Sarah Vaughan, son el femenino de triunvirato si es que existe, que ahora no caigo, en lo que respecta a la música vocal de Jazz. Al respecto de esto como siempre la información está en los enlaces y no en el enlazante.

Billie es la preferida de la mayoría, o eso me figuro, por la leyenda negra que se ganó y porque sus interpretaciones eran desgarradoras y terrenales como ella misma, por no hablar de su timbre de voz  de niña maleada que entiendo que atrae a las almas nocturnas. Sarah es gravemente glamourosa, también alardea -demasiado quizá a veces- de una voz peculiar, señora de la entonación, dueña de espectro sonoro, pero yo la noto fría a pesar de su genialidad.También creo que esta tríada destierra injustamente a  otras, como Carmen Mcrae, cuya versión de How long has this been going on me parece insuperable.

Yo me quedo con Ella. Su mismo nombre me invita a ello. Tengo razones poderosas, como cualquiera que las busque, en sus cualidades vocales,en su control perfecto del volumen y la corriente de aire, en que nunca desbarra con gritos innecesarios y en que su timbre es único, de adolescencia perenne e ingenuidad esencial. Pero las razones que me llevan son otras  más personales. Me gusta de ella la bondad que emana, que desde sus primeras grabaciones con Chick Webb hasta sus últimos estertores versionando a lo Beatles siempre se nota en ella un deje de humanidad, un optimismo y una alegría que pocas veces son levadas con acierto a la cosa de las artes.

Parece el signo de los tiempos que desde el 1780 más o menos todo lo especial, lo sensible y lo auténtico, lo encorazonado del arte, ha de ser desgarro y desposeimiento. Yo estoy mucho con ello y también me desangro de muchas maneras leyendo o escuchando cosas distintas que irán apareciendo por aquí, pero le agradezco a Ella que haya hecho de la vida un disfrute y de la alegría un camino que también conduce al cielo de la perfección.

Ella  remueve el aire con ondas distintas, son las de la posibilidad y la naturalidad. Yo lo agradezco mucho. Leí por ahi una vez que su mayor afición era hacer tartas, eso dice mucho de una vida que es capaz de completarse a sí misma sólo con sonidos, que puede valerse de sí misma para entenderse.

También decía alguien, un músico suyo creo, que cuando recorrían los EEUU en autobús Ella cantaba para hacer tiempo y que aquello era con calor, agotamiento, hambre, prisas y lo que quieras, el paraíso en la tierra.

Murió ciega y sin piernas por la diabetes, putas tartas.

Mis discos favoritos de Ella son los que hizo a solas con un piano o con una guitarra, en especial Pure Ella. También me gustan como a todo el mundo las cosas que grabó con Louis Amstrong y el Cole Porter Song Book

Bueno, me dejo de cháchara y os pongo algo,

Cielos azules en sus días de mayor gloria,

Summertime, la canción del Siglo XX, en sus labios

Stormy weather en el otoño de sus días. Decían de Ella que le faltaba dramatismo en las canciones duras como ésta. Yo me pregunto qué merece realmente dramatismo

PD Me hubiera  gustado poner otras cosas, pero goear no me funciona o no soy capaz de subir canciones y ponerlas. Se aceptan peticiones y consejos personales.

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2 pensamientos en “Por qué adoro a Ella Fitzgerald

  1. Quiero discrepar de que “todo lo especial, lo sensible y lo auténtico, lo encorazonado del arte, ha de ser desgarro y desposeimiento.”
    Aunque sé que me equivoco razonadamente, porque es un tema de honduras. Que algo dulce y sencillo, nada desgarrado, o algo alegre y desenfadado (véase Mozart cuando tal) se hunden a veces en raíces tan profundas que si tirásemos de ellas arrancaríamos toda la tierra.

  2. Precisamente esa frase la puse para luego matizarla y oponerla a lo que siento por Ella, o lo que es Ella, que es precisamente lo que tú dices. Ya sabes que me pierdo en los retruécanos. Simplemente quería decir de ella que me gusta que es humana,dulce y natural, que no se presenta como “desgarro y desposeimiento”, de lo que por ejemplo Billie Holiday es el paradigma. Hay que ser muy fino y llamarse Wolfgang por lo menos, como sabes, para mostrar el camino sin enseñar el álbum de los viajes de uno.
    Qué placer que te aparezcas

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