Zweig Partido

»Aquel período de mi felicidad, durante el cual jugaba diariamente por sistema y una tras otra las ciento cincuenta partidas de mi libro, se extendió sobre cosa de dos meses y medio a tres meses. De pronto llegué inesperadamente a un punto muerto. Sin más ni más volví a encontrarme ante la nada. Es que cuando había jugado de veinte a treinta veces una cualquiera de aquellas partidas, perdía naturalmente el atractivo de la novedad, de la sorpresa y quedaba agotada su anterior fuerza de excitación tan estimulante. ¿Qué sentido tenía el repetir una y otra vez unas partidas que ya sabía de memoria, jugada por jugada? Apenas efectuaba el primer movimiento de apertura, su desarrollo ulterior se sucedía casi automáticamente en mi mente, y no se presentaban más sorpresas, alternativas ni problemas. Para ocuparme, es decir, para procurarme el esfuerzo y la distracción intelectuales que ya se me habían tornado indispensables, hubiera necesitado otro libro que reprodujera otras partidas. Pero como quedaba absolutamente fuera de lo posible el conseguirlo, me quedó un solo camino en ese laberinto curioso: debía inventar partidas nuevas en reemplazo de las que ya conocía. Tenía que tratar de jugar conmigo mismo, más exactamente, contra mí mismo.

»No sé hasta qué grado usted habrá reflexionado alguna vez sobre la situación espiritual que ofrece ese juego de los juegos. Sin embargo, la más fugaz reflexión habrá de bastar para poner en evidencia que en el ajedrez, que es un juego cabal, independiente en absoluto del azar, significaría un absurdo el querer jugar contra sí mismo. En el fondo, el atractivo del ajedrez descansa únicamente en el hecho de que su estrategia se desarrolla de distinto modo en dos cerebros; que en esa guerra espiritual, el negro ignora las maniobras e intenciones del blanco, aunque trata continuamente de adivinarlas y malbaratarlas, mientras que el blanco, a su vez, procura adelantarse y frustrar los propósitos inconfesos del negro. Ahora bien, si el negro y el blanco quedaran representados por una y la misma persona, se produciría la contradictoria situación de que un cerebro debería al mismo tiempo saber algo e ignorarlo. Sería necesario que jugando en función del blanco, pudiese olvidar totalmente, como siguiendo una orden, lo que un minuto antes había querido e intentado representando el contrincante negro. Semejante pensamiento doble supondría en realidad una división absoluta de la conciencia, un abrir y cerrar a discreción de un como obturador del cerebro, similar al de un aparato mecánico; querer jugar contra sí mismo significa, pues, en materia de ajedrez, igual paradoja que saltar sobre la propia sombra.

»Pero, para abreviar, he aquí que durante meses procuraba en mi desesperación ese imposible, ese absurdo. No me quedaba otra alternativa que ese contrasentido, para no caer víctima de la locura pura o de un total marasmo intelectual. Una situación angustiosa me obligaba a procurar, cuando menos, esa escisión en blanco y negro, para no quedar apretado por aquella horrible nada reinante en torno mío.»

Esto es un fragmento de la Novela de ajedrez, o Una partida de ajedrez, según se encuentre, de Stefan Zweig. Se trata de una novela pequeña en extensión e inmensa en evocaciones. La historia completa es mejor poseerla, son dos ratos los que requiere. Yo quería citar sólo este texto porque de algún modo presiente los últimos tiempos del mismo Stefan, alejados de su Europa y propiciatorios de su suicidio, del que a lo mejor otro día hablo.

Un tal B. que sale de la nada en un barco y nos cuenta sus momentos de cautiverio en manos de la Gestapo, culmina la narración del tiempo que se le robó en estas líneas. Su única huída de la nada es la partición de sí mismo, la dedicación exclusiva a la desmembración de su propio intelecto, la materialización de las paradojas que a todos nos preñan en una opción necesaria, inmediata, abstracta e independiente en absoluto del azar que es escoger la paranoia como salida, tomar la puerta de la locura como único punto de regreso a sí mismo.  El tal B. sólo habla de sí mismo para rememorar su disolución, y sólo actúa en la novela para hacerla notoria. Es un hombre como evaporado que ha alcanzado, por eso y con eso -su disolución en el juego del ajedrez-, un tamaño si embargo inasequible a los que le rodean, al campeón que ronda por allí, a los ojos del narrador compasivo, a la atención de los viajeros del barco que, finalmente, desconectan del asunto entre ignorantes y aturdidos.

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5 pensamientos en “Zweig Partido

  1. Hola amigo!

    Me gustó mucho este relato de Zweig que es uno de esos escritores que me gustan pero que no exploto quizás ¿lo suficiente? No sé, de cuando en cuando me acuerdo de él y leo pero sin fijarme en la cabeza un posible retorno próximo, solo cuando vuelve a mi mente por otra cosa me doy el placer de leerlo. En fin, me explico muy mal como puedes comprobar.

    Precisamente me leí la semana pasada “Mendel, el de los libros”, un relato aún más pequeño que La novela de ajedrez acerca del horror europeo del que huia, me gustó mucho.

    Un enorme, enorme placer tener un lugar donde poder encontrate, un abrazo.

  2. ¡Albricias Jim! eres mi primer Comentador. Como honor es magro pero yo lo agradezco mucho, ahora esto ya no parece un nicho con pintadas.

    A mí Zweig me gusta mucho sin ser un acérrimo suyo más que nada porque los de la Ed. Acantilado se pasan tres pueblos con los precios y lo que tengo de él mayormente son cosas de viejo que he encontrado por ahí (estoy sintiendo como un dejavu, creo que esto ya te lo he dicho en otro sitio en otro tiempo) La partida de Ajedrez la he leído en un lector electrónico de ésos que me he agenciado, y la verdad es que es un invento que compensa, aparte de los típicos escrúpulos nostálgicos. Pues te animo por ejemplo a que busques por ahí sus escritos sobre escritores, el de Dostoievsky por ejemplo a mí me fascina, o sus biografías sobre personajes históricos, que no digo que no le eche cuento, pero son un pasatiempo estupendo, la de Magallanes sin ir más lejos de Filipinas.

    Un abrazo amigo, y gracias por acercarte

  3. Pues si, recuerdas bien! Los libros de Acantilado yo los cojo de la biblioteca, si no, no hay manera. Esta Navidad pensé en a pesar de todo regalarme la edición que han sacado de “El manuscrito encontrado en Zaragoza”, pero vamos cuando ví que lo sacaron a 35 euros ya decidí que mejor otra cosa…

    Lo del libro eléctronico pues ya lo tengo en el punto de mira, pero de momento sigue siendo caro para mi, cuando baje seguro que me haré con uno.

    Hasta pronto!

  4. Toc toc… ¿se puede?

    No conocía este relato, así que antes de nada te doy las gracias, lo buscaré para leerlo completo. Me ha sugerido, al leerlo, una representación de otras situaciones de la vida que quizás estén lejos de lo que el autor quiere decir, quizás sólo sea que yo estoy estoy susceptible con ese tema, o quizás sólo sea que es tarde y debería estar durmiendo. Pero como me has dejado picada, lo buscaré y cuando lo haya leído completo, si tienen sentido, dejaré caer por aquí mis más que modestas elucubraciones.

    Gracias por dejarnos el enlace a tu blog en el foro, hacía tiempo que te tenía perdido y siempre es un placer leerte.

  5. Muchas gracias Ari por todo lo que dices. Si te lees el relato ya me sentiré bien, si piensas en ello, como dices, me siento feliz, si me has reencontrado el placer es mío.Si eres la que eras el mundo merece las penas.
    Besazos

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