Quinto paseo

En las Ensoñaciones de un paseante solitario Rousseau dedica el quinto capítulo, el quinto paseo, no a un deambular sino a una estancia. Le habían echado de algún sitio por algo y decidió o le decidieron a retirarse a una pequeña isla dentro de un lago de Suiza. Aunque todo el libro me pareció delicioso en su momento, recuerdo la lectura de este capítulo. Yo esperaba a alguien que venía a comer conmigo sentado en la escalera de servicio de un Carrefour y allí leí aquello. Hay cosas que se recuerdan.

En este texto de 4 ó 5 páginas Rousseau describe su tiempo más feliz. Se dedicaba a recoger plantas para su clasificación. También charlaba con los caseros y se tiraba el día en una barca boca arriba sin hacer nada. Es una nostalgia pura porque incluso rememora el borbotar de un arroyo que sólo existió en su imaginación, dice que estuvo allí hacía 15 años cuando hacía 10 ó 12… Cosas de Rousseau, hay que perdonarle. Después de repasar los acontecimientos que le llevaron allí el buen cascarrabias deja las líneas más certeras, sensatas y obvias sobre lo que es la felicidad que creo que pueden decirse.

He observado en las vicisitudes de una larga vida que las épocas de los más dulces gozos y de los placeres más vivos no son, sin embargo, aquellas cuyo recuerdo me atrae y afecta más. Estos cortos momentos de delirio y de pasión, por vívidos que puedan ser, no son, sin embargo, y de ahí su vividez misma,más que puntos desparramados en la línea de la vida. Son demasiado escasos y demasiado rápidos para constituir un estado, y la felicidad que mi corazón echa de menos no está compuesta de instantes fugaces, sino de un estado simple y permanente que nada tiene de vivo en sí mismo, pero cuya duración acrecienta el encanto hasta el punto de encontrar en él por fin la felicidad suprema.

No son estas líneas el puerto más poético al que pueda uno amarrarse. No dicen cosa nueva, parecen timoratas y de redacción rutinaria. Es como el resultado de una elección simple, una conclusión inevitable y un pensamiento poco soñador. Puede ser, pero a mí me emocionaron entonces y lo mismo lo hacen ahora.

Me da que pensar que lo mismo entonces que ahora las líneas, no sólo éstas que he copiado, me refiero a todo el Quinto paseo o a todo el libro en general, aunque esto lo doy por supuesto porque no lo he releído entero, me parezcan lo mismo cuando yo habitaba ese tiempo que ahora que ya no lo tengo.

Si los libros ya no dan la felicidad pero siguen mostrándola, y la entiendo.

Si ya no vivo ese “estado simple y permanente” pero lo entiendo,

si lo que entiendo no me conmueve, pero sí lo que leo,

si leo lo que me conmueve pero permanezco en otro estado, que lo tiene todo de muerto en sí mismo,

¿entonces?


Todo está en un flujo continuo sobre la tierra. Nada en ella guarda una forma constante y fija, y nuestros afectos que se vinculan a las cosas exteriores pasan y cambian necesariamente como ellas. Siempre por delante o por detrás de nosotros, recuerdan el pasado que ya no es o previenen el futuro que con frecuencia no será; no hay ahí nada sólido a lo que el corazón pueda ligarse

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3 pensamientos en “Quinto paseo

  1. Realmente muy romántico la visión de los dos. Tanto de Rosseau como la tulla… Se puede llegar a sentir ese momento tan nostálgico. Muy bueno, realmente!!

  2. Pingback: El “Quinto paseo” de Rousseau | /home/anouk

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