Pierdetiempos

Sin que o con que  sirva de precedente voy a contar mi fin de semana. El sábado tenía en mi pueblo, al sur, una boda incómoda que me tenía traumado desde hace semanas por motivos variados. No daré detalles, pero la sorteeé como pude y por la noche pillé el coche de vuelta a casa, y venía rumiando mis descalabros, celebrando mis aciertos, escuchando la radio.

Luego por la mañana, el domingo, desperté desasosegado, cansino, melancólico, y llovía otra vez, otra vez, otra vez. Visto el panorama se me ocurrió ir a Bejar, donde mi recientemente amiga Puri expone sus cuadros. Como creo que ella es “Web 0,5” no hay forma de encontrar en google ni sus cuadros ni sus vidas. Ya le pediré algo y editaré la entrada.

El caso es que yo no soy de pintura. Se me ha ofrecido a enseñarme, dice que lo voy intuyendo y yo lo agradezco todo, porque es un encanto y si hay que aprender a sentir pues se aprende. A lo que voy es a que como no tengo nada que decir de técnicas ni de influencias, y como la Estética me incomoda pues le iba diciendo obviedades. Una era típica a sus oídos pero necesaria a mis entendederas. Ella me decía que la pintura le da todo, que se siente vertida en ella y que la habita y que cuando pinta se pertenecen ella y el cacho de tela o el laboreo del grabado. Yo no supe más que preguntarle por el tiempo, que cómo puede dejar pasar el tiempo en lo meticuloso, en la raya y el rastro de los ácidos, que cómo se siente ella construyendo en una especie de espera. Que esto no es una foto, que lo pillas y lo retocas, que esto no es un poema, que lo perpetras y haces por perderlo como es mi caso.

Puri me decía que el tiempo no cuenta cuando crea, que vive por encima de él y que se respetan ella y las horas. Me contaba que precisamente dominar el impulso le había costado, que era un paso necesario, que ahora su impulso dura lo que  tardan sus obras en presenciarse. Ella no lo dijo con estas palabras, pero lo resumo en que se había adueñado del tiempo, en que una de las claves de su satisfacción -y la mía, y la del que vaya a Béjar a contemplarla- era no deberse ya al instante y ser tardanza, existir sin impaciencia.

Yo no soy así. Vivo siempre en una impaciencia constante que no me deja disfrutar de lo que siento. Aunque soy de natural parado y vagante sólo suelo abstraerme si encuentro un trance en el que perderme. Trances hay pocos disponibles: antes tenía la lectura,el sexo, la música, la dejadez, la lluvia. Ahora sólo me queda la musica, la bici, la charla (con Puri por ejempo o con mi amigo Neo (Ave Caesar!) o con otros que dejaremos al margen porque no saben de estas líneas.

Pero los trances son involuntarios. Uno llega ahí y permanece en las horas como las viejas en el ambulatorio, que le receten lo suyo.

Sin embargo este fin de semana he tenido con Puri, además del trance conversacional, la clave del clave, porque cuando volvía de casa el sábado, de la boda, escuchaba la radio y por no oír fútbol me encontrá con un clave lamentoso, templado, una música extraña que me decía  que no era Bach ni Scarlatti ni Rameau ni lo típico sino algún Otro.

Luego vi que era este señor del retrato. Se llama Johan Jakob Froberger y, como decían mi madre y la tuya, en su casa le conocerán.

Apenas he podido saber más de él que lo que véis en la Wikipedia, pero me tiré como un perro herido a por esa Suite XX que decía él mismo  que era una  Meditación hecha acerca de mi muerte futura, la cual se toca lentamente y con discreción.

Pues sí, la alemanda del principio parece una meditación, y parece un acerca y parece de mi muerte (“futura”, ojo al dato) y se toca lentamente y con discreción.

He estado hoy toda la tarde escuchando y pensando en esta alemanda, en que Froberger habitaba hasta hoy en mi  inopia particular  y que sin embargo tuvo también lo que mi amiga Puri: el orgullo de haberse adueñado del tiempo, no del tiempo largo de los siglos, que parecen esquivarle, sino del tiempo éste, el de ahora, el que andamos perdiendo yo que escribo, tú que lees, y tuvo los santos cojones de exigir que fuera derramado asímismo en su música, en su meditación, en su muerte.

Si podéis escuchar el vídeo estaréis conmigo en que es una música que no se puede describir, pero sí pintar. Tengo que hacérsela llegar  mi amiga Puri. Este cuadro se lo compro fijo.

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